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Revisitando el Priorat

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Descripción



Este mes de marzo queremos volver al Priorat y descubrirte tres grandes vinos que destacan entre la multitud de proyectos que han ido aflorando en esta región una vez se ha consolidado la revolución social y vitivinícola iniciada por cuatro visionarios hace algo más de veinti cinco años. Son tres vinos de tres bodegas con historias diversas que, de alguna manera han confluido en algún momento del pasado más reciente. Son vinos de estilo diferente, pero que de alguna manera saben extraer la esencia de esta región ahora reconocida mundialmente.
El primer vino es el Cruor 2010 de la bodega Casa Gran del Siurana, un proyecto del grupo Perelada que, años después de su estreno en la zona en la bodega Cims de Porrera, decidió apostar de manera importante por esta denominación de origen calificada instalándose en la región. El Cruor es un vino moderno y delicado que combina variedades tradicionales y foráneas procedente de uvas de las dos fincas, La Fredat y la Casa Gran, de características singulares, una de suelos pizarrosos situada en terrazas, la otra de terrenos de sedimento, en el fondo del valle. El vino, criado en roble francés de primer y segundo año durante catorce meses combina las variedades tradicionales con variedades foráneas como la syrah, el cabernet y el merlot. Un Priorato moderno e intenso, muy agradable y fácil de beber.
El segundo vino es el Lytos de la bodega Agnès de Cervera, proyecto iniciado en 2003 con la compra de dos fincas, La Solana en el término del Molar y Argeles en el de Porrera, responde totalmente a la idea de vino controlado desde la viña en la botella definiéndose en sentido estricto como vino de pago. Lytos es también un Priorato de línea más suave, madurado en madera de roble durante doce meses, que combina las variedades autóctonas con las importadas, unas procedentes de terrenos pedregosos, las otras zonas de composición más variada donde se mezclan arcilla y pizarras.
El último vino es el Vi de Vila de Cims de Porrera, de la bodega Cims de Porrera. Este es un vino que respira autenticidad en la medida en que vuelve a las raíces vinícolas de la región prescindiendo totalmente de las variedades importadas. Además, como Vi de Vila, se ha elaborado exclusivamente con uvas procedentes del término municipal de Porrera de las variedades de garnacha y cariñena. De algún modo, este vino, pues, es un regreso al pasado en busca de los orígenes, con la particularidad de que quien la ha emprendido es un hijo de unos de los pioneros de la revolución de los ochenta en la región con lo que vemos como el relevo generacional apuesta por la tradición. En cualquier caso, un vino para recordar.