Atención al cliente

935 891 983
noe@vinsnoe.com

Buscar vinos




Fase visual

Otras fases Olfato Gusto Opinión

1. Fase visual

La primera impresión que nos llevamos de un vino es la que proporciona el sentido de la vista. Desde que el vino fluye dentro de la copa al verterlo hasta que termina depositándose en su interior la vista nos alerta de la experiencia que se acerca despertando ya los otros sentidos que posteriormente nos ayudarán a disfrutar del vino que tenemos delante.

La vista nos da información sobre los aspectos exteriores del vino, básicamente, el color, la limpidez y la fluidez o densidad.

La limpidez es el grado de claridad o transparencia del vino y viene determinada por el sistema de elaboración. Hoy en día, la gran mayoría de los vinos presentan una limpidez extraordinaria aunque en algunos casos pueden aparecer partículas en suspensión. Normalmente, estas partículas son posos provenientes de sustancias naturales contenidas en el vino y no suponen ningún defecto. Las partículas más corrientes dentro de un vino son los bitartratos que son sales que precipitan si el vino se ha conservado a temperaturas bajas.

La fluidez es un concepto asociado a la untuosidad del vino y normalmente lo apreciamos con el ritual de remover la copa. Este ritual conlleva es de alguna manera un diálogo previo con el vino, un diálogo que nos anticipa su suavidad en boca y que nos prepara para el momento de la degustación.

Removiendo adecuadamente la copa el vino se desplazará por el vidrio con mayor o menor celeridad dejando unas pequeñas estelas, llamadas lágrimas, que tendrán una mayor o menor persistencia. Cuanto más lento sea el descenso de las lágrimas, más untuoso será el vino. La untuosidad es una característica y no por mayor untuosidad un vino será considerado mejor. Todo depende de lo que estamos buscando en ese momento pues habrá ocasiones en que preferiremos vinos con una u otra fluidez. Sin embargo, la naturaleza de la copa o la forma en que se ha limpiado pueden influir decisivamente en la apreciación de la fluidez del vino.

El color, por último, es quizás el elemento clave que nos anticipa con más probabilidad lo que vendrá a continuación. El color depende de muchos factores, la variedad de uva en primer lugar, pero también el método de elaboración, la crianza y su momento evolutivo. En general, un color intenso será el preludio de un vino estructurado y con cuerpo. Por el contrario, un color poco intenso nos anticipará un vino más ligero.

La apreciación del color es una cuestión de apreciación de su intensidad. En los blancos los tonos irán desde los verdosos o amarillos pálidos hasta los amarillos intensos, dorado e incluso anaranjados. El grado de juventud es directamente proporcional a la intensidad de color. En los negros, las gamas van desde los colores violáceos en los más jóvenes hasta los tonos rubí, caoba o teja en los más evolucionados.